Nuestro País ya no es el mismo de hace 20 años. La vida del venezolano, sus costumbres, ambiciones, principios, deseos, fortalezas y debilidades ya no son las mismas que solían ser durante el último decenio del siglo XX. Hoy vivimos en un mundo más globalizado y técnicamente mas conectado, en parte por el avance de las nuevas tecnologías de información y comunicación que prácticamente dominan nuestra vida. Igualmente, la sociedad venezolana también ha sido víctima de un "avance o retroceso" social, que ha cambiado de manera inminente la forma del ser venezolano, y por ende su desenvolvimiento social tanto en el plano individual como colectivo. Dentro de esta reorganización de la cotidianidad del venezolano surgen nuevas oportunidades de realizar cosas que hace 20 años eran impensables, nuestra calidad de vida es en parte mejor que finales de los 90; pero también surgen nuevos elementos que amenazan la existencia social per se del venezolano. La inseguridad. Como colectivo nos horroriza los niveles de inseguridad que existen actualmente en el país y la incapacidad de la fuerza pública para contrarrestar la misma. Indudablemente, tanto para unos como para otros la opinión sobre la inseguridad en Venezuela varía conforme a la tendencia política en la cual milite, aunque en lo que sí debemos estar muy claros en evitar darle el tinte político al problema de la Inseguridad. Hoy más que nunca precisamos de una fuerza articulada para combatir este flagelo que no distingue raza, condición social, sexo o ideología política, una fuerza integrada por varios sectores de la sociedad que evoquen sus esfuerzos para hacer más segura la sociedad venezolana. La cooperación interinstitucional dentro del sector público y privado viene a ser la clave de esta integración de fuerzas destinadas a combatir el problema de la inseguridad y criminalidad en Venezuela, donde indudablemente el sector privado debe demostrar la capacidad y el juicio para comprometerse con la consecución de los resultados esperados.
Las compañias de seguridad privadas en Venezuela tienen un reto histórico por delante, avalado por la creciente demanda que tiene el sector en los últimos tiempos. La seguridad privada en Venezuela es un ramo que está presente en todos los rincones del País, tiene presencia tanto en las grandes corporaciones como en establecimientos pequeños, genera un gran número de empleos directos además de proteger las vidas e inversiones de sus clientes. Estos aspectos hacen que una empresa de seguridad privada sea o (deba ser) una organización extremadamente compleja, con una fuerte estructura organizacional y un personal altamente adiestrado y capacitado para el cumplimiento de los objetivos. Esto debería conformar en líneas generales el "deber ser" de estas compañías, aspectos que lamentablemente nos han sido fortalecidos adecuadamente. En primer lugar, cuando se decide conformar una empresa de seguridad, sus socios deben tener clara la misión de servicio y la responsabilidad que tendrán en sus manos. No es crear una compañía por crearla, ni diseñar algo que genere ingresos aprovechando la crisis de la inseguridad, es simplemente enfocarse en el producto y darlo a relucir en el mercado venezolano, es decir la exportación de la marca. Un directivo de seguridad que no entienda que un PCP o vigilante es su objeto de exportación en el mercado no ha comprendido la naturaleza del negocio como tal. A esto yo le llamo, imagen reflejada. Una empresa de seguridad es una entidad prestadora de servicios al público y por ende todo su proceso operativo inicia desde el reclutamiento en sí hasta la puesta del servicio una vez que el cliente lo apruebe. Una empresa de seguridad sólida y confiable siempre mantendrá una buena estructura burocrática al estilo weberiano, donde prime el sentido organizacional, el bienestar de su personal y la satisfacción del cliente. En mi experiencia personal, como Gerente de Seguridad para varias compañías he visto con desdén como las empresas de seguridad tratan a su personal y como estos se desempeñan en cada uno de sus contratos, parece que una vez puesto el hombre en el sitio de trabajo se desentienden del mismo y la relación laboral sólo queda para los días acordados en el pago de las quincenas. La falta de comunicación entre las partes, la deficiencia en el adiestramiento y la nula motivación hacen que la estabilidad comercial se ponga en riesgo constantemente.
La estructura organizacional es la clave para una empresa sólida. Los que nos ganamos la vida en esto, somos tan capaces o quizás más capaces que un directivo de una cadena de supermercados. Es más; al ser un negocio tan pero tan complejo la seguridad, debemos procurar un robusto esquema de mando para cumplir con las metas que espera nuestro cliente. En este sentido, estamos obligados a contratar la mejor gente posible e inculcarles principios conforme al negocio, además de profesionalizarlos cada día. Un dueño de compañía, no debe saberlo todo, pero sí debe rodearse de gente competente y capaz que ejecute bien su trabajo y enaltezca la compañía. Esto indudablemente aplica tanto dentro del sector de la seguridad como fuera del mismo. Las compañías no crecen de la noche a la mañana, crecen constantemente con profesionalismo, dedicación y ganas de hacer las cosas.
Por último y no menos importante, es la satisfacción del cliente. Nuestro cliente es lo más preciado, el en sí, es nuestro jefe y determina si seguimos o no dentro del mercado. Para muchas personas, las empresas de seguridad vienen a ser un gasto innecesario o un refugio para personas desempleadas incapaces de conseguir otro tipo de empleo. Pero quizás cabe preguntarse ¿ De quien es la culpa que esta sea la percepción?. Mi respuesta a esta interrogante, es que la culpa es NUESTRA, de los dueños o directivos de compañía por no hacer las cosas correctamente. El empleado, PCP o vigilante es el fiel reflejo de nosotros mismos, porque sí éste anda desgarbado, sucio, desmotivado y a la buena de Dios quiere decir que estamos fallando en la supervisión o que sencillamente no nos importan nuestros empleados. Recuerde que hay mil y una manera de motivar a su gente y no siempre es económicamente. Es necesario desarrollar un estilo de liderazgo para las empresas de seguridad, donde los directivos se pongan a la par de sus colegas de otros sectores. En la actualidad, ser sólo policía, militar, experto en armas o cinturón negro en artes marciales, no garantiza la buena gerencia ni la dosis adecuada de liderazgo que necesita nuestro personal de protección y/o seguridad.
Escrito por:
Carlos Morales
CEO & Founder en Strategies Consulting CA