¿Somos Ovejas, Lobos o Perros
Ovejeros? ¿Cuál es nuestra actitud frente a la inseguridad?
Desde tiempos inmemoriales, el honor,
el valor y la valentía han caracterizado la imagen del héroe que da todo por
una causa cuando esta es justa. El motivo inicial radica en el sentido de
justicia y equidad ante una situación o adversidad que subyuga el sentir
físico, emocional o moral de un estimado grupo de personas. Abraham Maslow, en su teoría sobre la
motivación humana, formula una jerarquía de necesidades humanas y defiende que
conforme se atiendan las necesidades más básicas, los seres humanos desarrollan
y desean necesidades más elevadas. Estos menesteres en el estricto orden
piramidal son: La autorrealización, el reconocimiento, la afiliación, la
seguridad y la fisiología. Sin pretender explicar uno por uno, este escrito
tiene como finalidad explayarse en el precepto de la seguridad como una
necesidad básica, donde el
comportamiento y la actitud del ser humano
hacia el peligro determina el
nivel de seguridad tanto individual como colectivamente.
El Teniente Coronel retirado del ejército
Dave Grossman en su ensayo sobre ovejas, lobos y perros ovejeros, describe
paradójicamente las cualidades del ser humano ante las situaciones de peligro
estableciendo similitudes con estos
animales ayuda a entender las debilidades, fortalezas, oportunidades y amenazas
que tiene el ser humano cuando su vida corre peligro. Una vez un veterano de
guerra dijo: Mas de las personas que
conforman la sociedad hoy en día son ovejas. Estos animales de granja
pastorean las sabanas, tienen una vida relativamente tranquila, producen
beneficios económicos -por su lana- y alimenticios por su -leche, carne-.
Semejante a éste comportamiento, las personas consideradas ovejas son amables,
gentiles, productivas y muy probablemente incapaces de hacerle daño a sus
semejantes a menos que ocurra un accidente. La gran mayoría de venezolanos
posee estas cualidades a pesar del aumento de la tasa de de homicidios y
asesinatos que han elevado los índices de violencia e inseguridad en los
últimos años. Los venezolanos conforman una sociedad amable, decente e incapaz
de herir a otros a menos que sea bajo circunstancias extremas o accidentales.
No hay nada negativo en el
calificativo oveja, de hecho este comportamiento favorece la esencia de un
mundo pacífico donde es posible la tolerancia, el respeto y la coexistencia
mutua. No obstante, con la aparición del mal, llegaron los animales predadores
con intenciones serias y directas de hacer daño al rebaño de ovejas. El ovino
es como el núcleo del huevo de gallina, se encuentran en el interior cálido y
seguro del mundo exterior. Esta seguridad se la brinda la cáscara que lo protege.
Similarmente los militares, policías, guardias de seguridad y muchos otros
guerreros representan este cascaron que ejemplifica un campo de fuerza contra los depredadores.
Y entonces están los Lobos que se alimentan de las ovejas sin piedad
alguna. Esta afirmación es ciento por ciento creíble si se observan los
documentales que los canales de televisión por suscripción ofrecen. La
violencia es una condición inherente al ser humano. Desde el instante en que se
olvida este precepto el ser humano se convierte en un animal indefenso
como la oveja. Para Edmund Burke No hay seguridad en la negación. Las
personas niegan el peligro que los acecha cotidianamente, y aunque la gran
mayoría de las ovejas regresan sanas y salvas a sus casas, los lobos siempre
atacan a las más débiles y descuidadas del rebaño. Las ovejas siempre responden a las
posibilidades de violencia con la negación de los hechos.
Afortunadamente cuando el rebaño es
consciente de la presencia del lobo corren inmediatamente y se protegen detrás
de los perros ovejeros. Aunque muchas personas ven a los perros ovejeros con
recelo, miedo, a veces odio y desconfianza;
ellos poseen una ventaja sobre las ovejas; ya que estudian y se entrenan
para responder cuando el lobo quiere en su mesa un pedazo jugoso de buen
cordero. En pocas palabras, los perros ovejeros son el escudo protector del
rebaño frente a los voraces colmillos de los lobos.
Es importante aclarar; que no hay nada
moralmente superior presente en los perros ovejeros. De hecho, su
comportamiento implica un criterio hasta gracioso que va desde el olfateo
constante en sus alrededores para detectar amenazas, ladrido cuando escuchan
sonidos durante la noche. hasta la constante ansiedad por luchar la batalla
correcta. Los canes cachorros, al igual que los integrantes de las fuerzas de
seguridad más jóvenes anhelan tener la batalla correcta para demostrar sus
técnicas y/o habilidades. Los perros viejos generalmente son más reflexivos,
pacientes y sabios, pero no dudarán nunca en tomar sus armas y moverse hacia
donde escucharon el ruido extraño o en dirección donde el lobo prevé atacar.
Por citar un ejemplo, cuando ocurren atentados terroristas, la gran masa
ciudadana, es decir más de las ovejas dirían, gracias a Dios que no estuve allí, mientras que los guerreros, los
perros ovejeros repetirían Querido Dios,
hubiese estado allí, quizás podría haber hecho la diferencia. Como dice
Grossman, cuando se está entrenado y consciente
de las capacidades de lucha el guerrero
quiere estar siempre presente en situaciones de peligro.
Aunque
los perros ovejeros se entrenan para proteger a sus conciudadanos,
también vale acotar que cada ciudadano
puede elegir qué tipo de animal quiere ser. El principio de la negación transforma a las personas en ovejas
indefensas. Estas están destruidas psicológicamente en la pelea contra el lobo
porque, solamente cuentan con la negación como defensa, la cual es
contraproducente y destructiva, causando miedo y terror cuando el lobo aparece.
Igualmente, la negación de la realidad puede ser seductora y atractiva, pero
tiene efectos secundarios que pone en riesgo la vida. Para todos aquellos que
mentalmente niegan las cosas
repitiéndose a sí mismos que nada les pasará, tendrán como consecuencia una disminución
en sus defensas y se vuelven más vulnerables ante las situaciones de peligro.
El guerrero debe esforzarse por
confrontar la negación en todos los
aspectos de su vida. Para ello se prepara con firmeza y constancia esperando el
día en que el peligro traído por el lobo regrese. El personal de seguridad debe
ser entrenado y educado hasta forjarle una cultura de seguridad que fluya por
sus venas, una cultura donde no exista cabida para la negación ni el miedo
frente a las situaciones de peligro. Cada persona elige quien quiere ser, y a menos
que sea un sociópata o psicópata con aversión a sus conciudadanos, se puede ser
una oveja o un perro ovejero. Este dilema no es una dicotomía entre un sí o un
no , entre un ser o no ser; y quizás
dejando de un lado el extremismo, la mejor solución es que tanto ovejas como
perros ovejeros se acepten el uno con el otro. Después de los atentados del 11 de septiembre muchos
ciudadanos alrededor del mundo se están acercando más y más, paso a paso a los
perros ovejeros. En Venezuela, frente a la ola de criminalidad creciente en los
últimos años, las personas que en el pasado eran considerados o se
consideraban ovejas están observando y
apreciando las cualidades y habilidades de los perros ovejeros y tomándolas
para sí mismos, o simplemente están aceptando y apreciando a los perros
ovejeros, obligando a estos guerreros a
prepararse y tomar un poco más su trabajo en serio.
Ser alguno de estos tres animales
depende de la capacidad individual de cada persona. No se puede vivir negando
peligro como si se estuviese en una casita de cristal. Sí todas las ovejas
empiezan a tomar conciencia y aplican una que otra habilidad de los perros
ovejeros, seguramente cuando el lobo feroz aparezca la respuesta del rebaño
será física y psicológicamente muy distinta a la que se describió al inicio de
este escrito.

